La lucha popular en la defensa y profundización de las transformaciones sociales

«Entramos en el sistema, para cambiar el sistema,
no para que el sistema nos cambie a nosotros».

Schafik Hándal.

Miriam Díaz*

La tarea fundamental de pensarnos y repensarnos en el día a día nos llama ahora, en este tercer seminario, denominado Experiencias de construcción de poder popular en el contexto de la contraofensiva imperialista, a estudiar y analizar nuestras realidades con la clara visión de transformarla en beneficio de las mayorías de la sociedad. Ello hace de este seminario un espacio importante para quienes creemos que otro mundo es posible, otro mundo al que las y los revolucionarios le llamamos socialismo.

La lucha revolucionaria de Schafik nos compromete a seguir trabajando con el pueblo y para el pueblo, pues cada minuto que pasa el capitalismo amenaza mucho más a la humanidad y a la naturaleza, poniendo todos sus recursos en función de seguir manteniendo su sistema de dominación múltiple.

Como fiel defensor de las ideas del socialismo, Schafik nos dejó un legado, tanto teórico como práctico, que sigue vigente no solo para El Salvador, sino para toda América Latina. Su ejemplo de luchador social incansable quedará presente en esta generación y en las generaciones por venir, que estamos llamadas a mantenerlo vivo. Entre sus aportes, podemos mencionar sus concepciones sobre la unidad, la democracia revolucionaria y, el poder político –en el cual establece la diferencia entre el poder temporal y el permanente–, el poder popular y el socialismo, todos ellos elementos indispensables para los partidos revolucionarios.

Con la caída de la experiencia de socialismo soviético proliferó en América Latina y en el resto del mundo una gran diversidad de pensamientos sobre el rumbo de la humanidad. Unos decían que la revolución no era posible, que se había llegado al «fin de la historia» y que era preciso someterse a las reglas del sistema capitalista porque toda forma de lucha por una sociedad anticapitalista, que para los revolucionarios, reitero, es el socialismo, sería en vano. En ese contexto, Schafik supo interpretar el momento histórico y mantener su clara defensa y visión marxista sobre el socialismo, argumentando que la crisis de ese modelo estatista, verticalista, antidemocrático y burocratizado, no podía ser utilizada para justificar la imposibilidad del socialismo. Por eso insistía en la urgente necesidad de su renovación y diseño:

Una cosa es muy clara –afirmó Schafik–: el pensamiento socialista y el concepto de socialismo deben ser renovados. La crisis del socialismo real ofrece mucho material al respecto. La crisis nos libera del dogmatismo, nos obliga a usar nuestras propias cabezas y analizar nuestras propias realidades. En otras palabras, debemos abrir vías nuevas que no han sido aún establecidas.[1]

La renovación del socialismo implica, entre otras cosas, un constante estudio y análisis de la realidad nacional e internacional. Una de las lecciones que nos deja la caída del llamado socialismo real es, como dice Schafik, la necesidad de pensar con cabeza propia.

La renovación, adecuación, actualización y desarrollo creativo del socialismo abarca los ámbitos teórico y práctico. De ahí la importancia que tienen para nuestro partido la formación política e ideológica como eje fundamental para construir y garantizar el desarrollo de la militancia revolucionaria, y la movilización social multisectorial del pueblo salvadoreño. La movilización social debe cumplir la misión de articular las demandas particulares de todos los sectores, lo cual se debe expresar en la toma de conciencia para la transformación integral de la sociedad, que hoy por hoy no está organizada en función de una transformación real, sino en función de superar demandas reivindicativas economicistas.

Tenemos una enorme y compleja tarea, ya que el enemigo pone a trabajar todos sus recursos sofisticados, incluidos sus medios de comunicación, que tienen mayor cobertura e impacto en la población, para distraerla y manipularla, creando identidades, prácticas y valores propios del sistema capitalista neoliberal, tales como el individualismo y la competencia. Asimismo, no debemos olvidar el papel desestabilizador que juegan actualmente algunas instituciones del Estado, como la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia.

Cabe preguntarnos entonces: ¿por qué hablar de socialismo hoy en El Salvador y en toda América Latina? La respuesta es: porque está claro que el capitalismo no resuelve las necesidades y aspiraciones de los seres humanos y, por ello, es necesario profundizar la organización popular y la lucha del pueblo; con la meta de superarlo históricamente. Schafik lo dice de la siguiente manera:

Después de varios siglos de existencia del capitalismo es una verdad obvia que este no ha resuelto las carencias y padecimientos básicos de la inmensa mayoría de la humanidad, sino las ha agravado. El orden económico y político que ha impuesto al mundo no opera en función de resolver los problemas de la humanidad entera, sino en función del enriquecimiento y hegemonía de los países centrales.[2]

En el contexto de la caída del bloque socialista, se daba en nuestro país la finalización de la guerra revolucionaria y entrabamos a una nueva etapa de lucha con la firma de los Acuerdos de Paz, cuyo 25 aniversario celebramos en este mes de enero. Han sido dos décadas y media de intenso batallar por su cumplimiento y por transformar las instituciones del Estado salvadoreño, para seguir avanzando en la consolidación de un sistema político democrático, con una autentica y protagónica participación del pueblo, donde haya respeto por los derechos humanos, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales.

Debo decir que la aplicación de los Acuerdos de Paz se da en el contexto de la implementación de políticas neoliberales que desde antes ya se estaban ensayando, con los paquetazos de José Napoleón Duarte. Eso contribuyó al fortalecimiento de la hegemonía capitalista neoliberal, concretizada en los 20 años de gobiernos de ARENA, en un escenario regional en el que las dictaduras militares dejaron de ser el instrumento del imperialismo norteamericano para someter a los pueblos de América Latina y el Caribe, y fueron sustituidas por Estados neoliberales.

Está claro que para nosotros los revolucionarios el socialismo sigue siendo la única alternativa de desarrollo para los pueblos latinoamericanos, de acuerdo a nuestras realidades histórico-culturales, comprendido no solo como una necesidad material, sino una necesidad histórica, ética, cultural, ambiental y, como dice Schafik, una nueva forma de vivir. Para demostrar la realidad de la desigualdad social en América Latina, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el 10% más rico de América Latina y el Caribe posee el 71% de la riqueza y tributa solo el 5,4% de su renta.[3]

La necesidad de construir hegemonía popular para la transformación social y la lucha por el socialismo

La lucha por la democracia participativa y el socialismo en la América Latina actual marca una nueva época, un precedente histórico, con la llegada de gobiernos revolucionarios democráticos, de izquierda y progresistas, iniciada en 1998 por el comandante Hugo Chávez Frías, y por las estrategias de la contraofensiva de la oligarquía y del imperialismo norteamericano. Los logros de estos gobiernos populares, en materia económica y social, incluidas la educación, la salud y agricultura, crean las condiciones para la defensa y profundización de las trasformaciones democráticas revolucionarias con la participación organizada y protagónica de nuestros pueblos, es decir, para construir poder popular y seguir transformando la sociedad por un rumbo socialista. Sin embargo, la reacción del imperio, como es de esperar y como lo estamos viviendo, es arremeter contra estos esfuerzos y conquistas populares, generando desestabilidad política y económica, lo cual en cierta medida ha provocado giros a la derecha, como ocurrió con los golpes parlamentarios‑judiciales en Honduras, en 2008, en Paraguay, en 2012, y en Brasil, en el año que recién finalizó. Para derrotar esa arremetida reaccionaria, es necesario intensificar nuestra lucha. Solo la movilización organizada del pueblo detendrá las pretensiones golpistas en El Salvador.

En el proceso de democratización salvadoreña, la construcción de la hegemonía popular demanda la articulación de esfuerzos organizativos territoriales y sectoriales, enrumbados de acuerdo a una estrategia en común llamada construcción de poder popular, teniendo como principal impulsor a un pueblo consiente, organizado y movilizado. En este sentido, es imprescindible desarrollar la capacidad de la autogestión respecto a la elaboración de las políticas públicas; y en el control popular de la realización práctica de beneficios sociales a favor del pueblotarea que compete desarrollar al FMLN. Al respecto Schafik advierte lo siguiente en ese proceso:

[…] si desde los primeros pasos de la revolución democrática somos capaces de organizar un sistema político realmente democrático, basado en la activa participación y control popular sobre todo el proceso, esto ya sería una enorme y decisiva ganancia en el camino al socialismo.[4]

Este es uno de los grandes desafíos para la realidad nuestra y solo manteniendo una vinculación permanente al pueblo mediante la comunicación, información y politización a través de la organización, avanzaremos en reafirmar esa identidad del pueblo hacia nuestro proyecto en el proceso de construcción del poder popular, comprendido como un largo camino, que permita defender y profundizar los cambios hasta ahora conquistados. Por consiguiente, debemos reafirmar los logros en materia económica y social en el proceso de edificación de la democracia revolucionaria salvadoreña.

Schafik, plantea tres tareas fundamentales a desarrollar en el período de la Revolución Democrática: la instauración de un sistema democrático, la reforma agraria y la autodeterminación nacional. Sin la materialización de estas tareas no es posible transitar hacia una etapa superior de la democracia participativa llamada socialismo. Es necesario que haya cambios estructurales en el cumplimiento de estas tareas democráticas revolucionarias en el contexto actual. Desde la llegada del FMLN al gobierno se han hecho esfuerzos encaminados a darle cumplimiento a estos objetivos planteados por Schafik.

Para avanzar en el proceso de construcción del poder popular debemos tener claro que es el partido –somos nosotras y nosotros– quienes debemos estar al frente para conducir, orientar, dar la batalla y a la vez, aprovechar los espacios de poder institucional conquistados a todo nivel (tanto en lo nacional como en lo local) por lo que se debe articular de manera integral con el movimiento popular y social las distintas formas de luchas electorales, políticas, sociales, sindicales, culturales, de género y ambientales, con la orientación estratégica de poner en el centro de la batalla política ideológica la construcción del poder popular.

Pero hablar de poder popular es tocar el tema central sobre el poder. Schafik desarrolla ampliamente este tema y establece la diferencia entre poder temporal y permanente. En cuanto al poder temporal, nos planteamos el desafío de ganar y acumular para seguir creciendo en espacios que están en permanente disputa, como es ganar más alcaldías y mantener las que gobernamos, de elegir más diputados y diputadas con vistas a alcanzar una mayor y favorable correlación de fuerzas al interior de la Asamblea Legislativa, y de lograr consecutivas victorias presidenciales.

Debemos tener claro que el objetivo de ganar y mantener estos espacios de poder institucional es para influir en la construir poder popular, encaminada toda esa estrategia para que el pueblo sea el constructor de su propio destino y transforme su realidad y a la vez ir creando, de manera simultánea, un escenario de lucha ideológica y organizativa para ir transformando paulatinamente el régimen de democracia representativa burguesa a una democracia participativa y protagónica. Sin esa visión no avanzaremos en la construcción de una sociedad diferente.

En lo que respecta al poder permanente, debemos continuar profundizando y transformando el papel de las instituciones que históricamente estuvieron en manos de la oligarquía. El partido y el pueblo no debemos renunciar a cambiar ese poder permanente expresado, en parte, en el papel que desempeña la estructura política del Estado creada para que el sistema esté en permanente desarrollo y control político, como es la Corte Suprema de Justicia y otras instituciones que tienen un esquema de Estado contrapuesto a los intereses de las grandes mayorías. Es de señalar que también en estos espacios de poder hemos logrado con nuestra lucha avanzar, y es precisamente en ellos que mayores obstáculos encontramos en su transformación. Necesitamos avanzar en darle un viraje a dichas instituciones en función de las mayorías. Un ejemplo de ello es la actual conformación del Consejo Nacional del Salario Mínimo, lo que nos demuestra que solo la lucha organizada nos permite construir hegemonía popular.

Schafik nos amplía la concepción de poder sin dejarlo solamente en la esfera institucional, y por eso consideraba que era importante llegar al gobierno pero no suficiente. Nos habla del poder revolucionario como una propuesta en la que se deben ir trasladando las funciones de planificación, presupuesto, toma de decisiones, ejecución y control popular, para empoderar poco a poco a toda la sociedad del conocimiento de cada una de estas funciones. Entre ese poder en manos del pueblo debe existir una estrecha y permanente relación con los espacios institucionales que hemos conquistado.

En El Salvador encontramos experiencias de construcción de poder popular que son una creación genuina comunitaria, y se fortalecieron sobre todo después de la finalización de guerra. Eso nos da pistas para avanzar y aprender de ellas. Una de las tareas que debemos realizar es sistematizar, difundir y expandir esas experiencias.

En este momento en que somos el partido en el gobierno quiero hacer mención a uno de los problemas que para Schafik era preocupante. Me refiero a uno de los riesgos derivados de ejercer el gobierno, como parte de ese poder temporal: el burocratismo. No debemos olvidar que es uno de los rasgos del sistema capitalista global, que aleja y ahoga las posibilidades de emancipación social. Ese problema se reprodujo en el llamado socialismo real. Nuestra misión es superar y erradicar el burocratismo del aparato estatal burgués, y construir un nuevo aparato de Estado, gestionado y controlado con todo lo que tengamos desde arriba y con todo lo que hayamos construido desde abajo. Como también Schafik acertadamente lo planteaba.

Ante la actual ofensiva del imperialismo norteamericano y las oligarquías latinoamericanas a él subordinadas, nuestra respuesta, insisto, debe ser la organización y movilización de los distintos sectores de la sociedad. Eso significa tener mayor acercamiento con el pueblo para llevarle la información y fortalecer su espíritu de lucha. Por lo tanto, remarco en la importancia de la organización territorial y sectorial del partido. Por eso Schafik planteaba la necesidad urgente de estrechar el vínculo de la vanguardia con los diferentes sujetos sociales del cambio.

No debemos olvidar que en todo proceso revolucionario está presente la contrarrevolución. Cabe entonces preguntarnos: ¿qué elementos estamos impulsando para derrotar la estrategia desestabilizadora, la guerra económica y mediática de nuestro enemigo interno y externo? Por ello cito los lineamientos aprobados en el I Congreso del FMLN «Schafik Hándal» que nos mandatan a la construcción del poder popular:

La fortaleza de un partido revolucionario radica en su capacidad de construir un proyecto de transformación social que responda a los intereses populares, de convivir con el pueblo, organizarlo, educarlo políticamente, movilizarlo y atraerlo para que se identifique con su programa y estrategia, y hacer todo lo que esté a su alcance para que luche. No es suficiente que el FMLN sea un genuino representante del pueblo y que actúe como tal. Además, es preciso que el pueblo así lo reconozca, lo asuma, lo comprenda, lo valore y lo divulgue.

Estamos obligados a conocer cómo funciona, cómo piensa y cómo actúa el capitalismo hoy día, para derrotar la contra ofensiva imperial. Está claro que para derrotar la contrarrevolución hay que conocer las características de las estrategias de la contraofensiva del imperio en la región, las cuales responden a los golpes de Estado de nuevo tipo, ejecutados a través de diferentes etapas que incluyen la deslegitimación de los gobiernos revolucionarios, de izquierda y progresistas, mediante la guerra psicológica y la guerra económica, disfrazadas de crisis humanitaria.

Asimismo, es necesario estudiar las principales lecciones derivadas de las experiencias de gobernar desde la izquierda, entre ellas, las acumuladas en: la creación de una economía productiva interna; el desarrollo exitoso de la batalla de ideas, de la batalla cultural; la experiencia de lucha del pueblo; la politización de los programas sociales; la conformación del papel del sujeto social transformador; y la interrelación entre los programas sociales y la construcción de poder popular.

Por ello cabe preguntarse cuáles son los elementos de la transición democrática salvadoreña en el proceso de desmontaje del modelo neoliberal: que nos ha permitido avanzar en reformas económica, social, política, ambiental, científico-cultural, llamado por nuestro gobierno el Buen Vivir alternativo al capitalismo neoliberal y la hegemonía capitalista mundial.

Reafirmamos nuestro compromiso por la transformación de la sociedad a favor de las mayorías y el verdadero desarrollo nacional. Reitero que estamos comprometidos y comprometidas por la construcción del socialismo.

Compañeros y compañeras:

Quiero finalizar mi participación con las siguientes palabras de Schafik, las cuales considero que mantienen su vigencia en el período actual de lucha:

Si el pueblo quiere habrá socialismo; será este quien lo conquiste y lo defienda con su lucha. El FMLN está comprometido con la difusión de las ideas del socialismo y la organización de esta lucha.

Estamos llamadas y llamados a luchar y a vencer.

¡Viva Schafik!

¡Viva el FMLN!

Muchas gracias.

 

*Miriam Díaz es investigadora del Instituto Schafik Hándal.

[1]    Schafik Hándal: «Perspectivas sobre el socialismo. Opiniones desde Kurdistán y El Salvador», Clash International Magazine no. 8, mayo de 1993, pp. 37-41.

[2]    Schafik Hándal: Construyendo la Utopía. Transición y Programa de la Revolución Democrática, Ediciones Alternativa, San Salvador, 15 de mayo de 1993, p. 15.

[3]    OXFAM, CEPAL: Tributación para un crecimiento Inclusivo, Santiago, 2016.

[4]    Schafik Hándal: El Socialismo ¿Una alternativa para América Latina? Entrevista realizada por Marta Harnecker en 1991, Ocean Sur, Ciudad de México, 2014, p. 54.

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