La participación popular organizada es clave para derrotar el modelo neoliberal oligárquico

La tarea de hoy: desarrollar una economía productiva con participación social

Asdruwal Ramírez*

Antes de entrar de lleno al enfrentamiento de la izquierda latinoamericana contra el modelo neoliberal de dominación capitalista, hagamos un breve recuento de hechos históricos, políticos, económicos y culturales que nos permiten explicar la situación actual de contrarrevolución y contrarreforma que están enfrentado los pueblos con gobiernos revolucionarios, progresistas y democráticos de América Latina y el Caribe del presente siglo XXI.

Comenzaremos esta ponencia haciendo un recuento histórico sobre la imposición del neoliberalismo en El Salvador, y para ello hablaremos del Consenso de Washington.

El modo de producción capitalista sufre de crisis cíclicas, producto de la no correspondencia entre el desarrollo galopante de las fuerzas productivas (medios que sirven para producir, la fuerza de trabajo y los conocimientos que que ayudan a producir mejor) y el estancamiento de las relaciones de producción (vínculos que establecen los seres humanos entre sí y con los medios de producción para llevar a cabo el proceso de trabajo y distribuirse los bienes privados, que en el capitalismo o se expresan en la propiedad privada). En cada una de estas crisis, el capitalismo se reinventa y renueva, mediante ajustes estructurales y políticas económicas destinados a salir de las recesiones y perfeccionar su modelo global de dominación. El Consenso de Washington fue uno de esos ajustes estructurales.

En 1944 se establece el llamado Acuerdo de Bretton Woods, que incluyó la creación del Banco Mundial (BM). En ese mismo contexto general, ya en la posguerra, nace el 27 de diciembre de 1945 el Fondo Monetario Internacional (FMI). Y catorce años después, en 1959 se crea el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Estos organismos aparecen como respuestas a los problemas financieros de Europa y América Latina después de la Segunda Guerra Mundial. Además se proponía en su lógica imperial: contener la expansión comunista en el «mundo democrático occidental» pero sobre todo imponer la dominación económica cultural capitalista del imperialismo norteamericano en el mundo.

A raíz del agravamiento de la crisis sistémica del capitalismo ocurrido en la década de 1970, estos organismos fueron refuncionalizados con el propósito de desempeñar un papel determinante en la imposición de la doctrina neoliberal a escala planetaria.

Las economías latinoamericanas habían entrado desde la Segunda Guerra Mundial en una etapa de desarrollismo interno, pero resulta que para llevar a cabo ese proceso entre 1960 y 1970 muchos países latinoamericanos se endeudaron con los organismos financieros internacionales ya mencionados. Esto llevo en la década de 1980 a la denominada crisis de la deuda externa,[1] lo que condujo al imperio a hacer otro ajuste estructural, para salir de la misma.

A tono con esta necesidad, el 6 y 7 de noviembre de 1989, el Instituto Internacional de Economía de Washington DC llevó a cabo una conferencia llamada ¿Cómo ha sucedido el ajuste latinoamericano? En este evento se llegó a un consenso sobre 10 instrumentos de política económica que, según sus participantes, se debían aplicar en América Latina, supuestamente para resolver la crisis de la deuda externa, sistematizados por John Wiliamson. Los puntos consensuados fueron los siguientes:

  1. En América Latina hay un exceso del gasto gubernamental respecto a los ingresos, por lo cual se necesita de disciplina presupuestaria.
  2. Se deben reducir o eliminar los subsidios y dejar en lo más básico los gastos de educación y salud, así como invertir en la infraestructura.
  3. Se necesita una mayor recaudación tributaria.
  4. Los intereses deben ser determinados por el mercado, con el objetivo de estimular la inversión.
  5. El tipo de cambio también debe estar determinado por el mercado.
  6. Liberalizar las importaciones.
  7. Una actitud proteccionista es considerada una insensatez para Washington.
  8. Privatizar empresas públicas bajo la idea que la empresa privada administra y gestiona de manera más eficiente.
  9. Desregular la economía.
  10. Los derechos de propiedad en América Latina son inseguros.

En resumen, el Estado debía ser un mero facilitador de los negocios privados (estabilidad) y garante de la paz social (gobernanza).

Estos diez instrumentos de política económica fueron implementados en América Latina y el mundo, y se convirtieron en el paradigma de condicionantes que los países tenían que aceptar y aplicar para poder acceder a los préstamos de los organismos internacionales. El Salvador no se escapó de esto.

¿Cómo fueron recibidos estos diez instrumentos de política económica en El Salvador? O, mejor dicho, ¿cómo se profundizó política y económicamente el neoliberalismo en nuestro país?

El primero de junio de 1989 llega al gobierno de El Salvador el partido ARENA, con Alfredo Cristiani como presidente de la República. Desde ese momento, comienza a implementarse el Consenso de Washington, con sus programas de ajuste estructural y estabilidad económica en el país. Durante los veinte años ininterrumpidos en que ARENA ejerció el gobierno en El Salvador, en ningún momento dejaron de implementarse las políticas neoliberales, a tono con las características del país y los intereses de la oligarquía salvadoreña.

Para cumplir con esos puntos, los gobiernos de ARENA desarrollaron tres generaciones de reformas estructurales. Según Edgar Lara:

  • En la primera privatizaron la banca y empresas públicas, desarrollaron reformas fiscales, y llevaron a cabo un proceso de liberalización económica
  • En la segunda privatizaron los servicios del Estado (telecomunicaciones, pensiones y energía eléctrica)
  • Y en la tercera incluyeron la firma de los tratados de libre comercio TLC, la dolarización de la economía, la flexibilización laboral[2] y el intento de privatizar la salud, el agua y la educación, proceso interrumpido, en 2009, con la llegada del FMLN al gobierno.

Los resultados de las políticas neoliberales han sido beneficiosos para la burguesía oligárquica salvadoreña y para los grandes consorcios trasnacionales, en detrimento de las condiciones de vida de las clases populares y las capas medias, y con la afectación de algunos intereses de sectores burgueses más débiles.

La oligarquía ha hecho uso de las privatizaciones, la evasión y elución de impuestos, el endeudamiento externo, la corrupción pública y privada, la súper explotación del trabajo asalariado –con altos niveles de desempleo, salarios bajos y alto costo de la vida–, el aumento de impuestos regresivos, como el IVA, la reducción y eliminación de impuestos a empresas trasnacionales y nacionales, una política expulsión de población al exterior y su respectiva recepción de remesas como fuente de financiamiento del modelo neoliberal a través del consumo de las mismas en productos trasnacionales, y un Estado protector de los intereses de la burguesía oligárquica y trasnacional, con el propósito de concentrar en pocas manos las riquezas producidas en el país y consolidar su modelo de dominación económico-cultural neoliberal sobre la sociedad salvadoreña.

Las políticas económicas neoliberales han agudizado la crisis económica y social del mundo. Sobre este tema, Schafik apunta lo siguiente:

En la medida que ese modelo se extendía, crecían sus fracasos en el mundo, no para sus dueños, sino para las expectativas que ellos crearon a los pueblos prometiendo muchos beneficios.[3]

Las y los revolucionarios salvadoreños debemos tener claro que los areneros neoliberales no deben volver a gobernar este país. Como todos conocemos, el modelo neoliberal que promovió ARENA está en crisis, ellos no tienen nada que ofrecerle al pueblo salvadoreño. Ante esto Schafik nos señala lo siguiente: «si partimos de que este modelo ha fracasado, está arruinando a la gente cada vez más y es el momento de cambiarlo, nuestra estrategia debe ser distinta: una estrategia de cambio y de movilización social».[4] Por lo tanto, Schafik nos llama a continuar la lucha revolucionaria de manera integral, a desarrollar creativamente una estrategia de más movilización y lucha popular organizada para derrotar los intentos golpistas que arreciarán. Debemos tomarnos las calles, incentivar, acompañar y estimular a la participación activa y protagónica del pueblo en la defensa y profundización del proyecto del Buen Vivir como la estrategia cultural, social y económica para desmontar las políticas neoliberales y sustituirlas por políticas sociales inclusivas participativas como las que estamos construyendo como la alternativa democrática revolucionaria con orientación hacia el socialismo.

Pero también debemos estar claros que el sistema capitalista neoliberal ha construido hegemonía, lo cual no solo abarca lo económico, sino también lo político, lo ideológico y lo cultural.

Resaltamos entonces que estas políticas económicas siempre van fundamentadas del elemento ideológico, de un sistema de creencias o pautas de valor que definen, no solo el comportamiento del mercado, sino también el comportamiento social. El sistema capitalista ha construido hegemonía a través de todas sus instituciones, las cuales van hilvanando todo el tejido ideológico necesario para reproducirse. Existen dos valores generales que el sistema reproduce: el individualismo y la competencia. Son estos los pilares fundamentales que sostienen todas las relaciones sociales dentro del mismo.

El individualismo produce desarticulación y fragmentación en la sociedad, esto a través de la idea de que cada quien debe velar nada más por sus intereses; y la competencia produce un efecto de la ley del más fuerte bajo la idea de que todo depende del esfuerzo individual. Estos valores en la sociedad se naturalizan de tal forma que muchas veces ni los consideramos nocivos para la humanidad. Por lo tanto aquí se nos presenta un reto todavía más complejo: el desmontaje de los valores del sistema capitalista mundial. Porque no nos bastaría con solo detener las políticas económicas neoliberales, debemos a la vez ir desmontando ese individualismo competitivo que nos ha penetrado hasta las entrañas. Y que por supuesto nos ha llevado a las sociedades a medir el nivel de vida solo en el nivel de consumo individual.

Así funciona el sistema capitalista neoliberal, entonces: ¿cuál ese modelo que ha entrado en disputa con el capitalismo hegemónico transnacional? Como ya mencionábamos en párrafos anteriores, a partir de la llegada del primer gobierno del FMLN, con Mauricio Funes como presidente, el proceso de avance que traían las políticas neoliberales se vio interrumpido y, con el segundo gobierno del FMLN, con Salvador Sánchez Cerén en la presidencia, comenzamos a dar los primeros pasos para el desmontaje de las políticas económicas neoliberales, y el posicionamiento del modelo alternativo del Buen Vivir, el cual nos ha permitido reducir la pobreza, aumentar la producción interna, avanzar en la equidad de género, en la seguridad alimentaria, en materia de acceso a la educación, salud, al agua, en la erradicación del analfabetismo, etc. Estos son solo algunos de nuestros en ese desmontaje neoliberal, que nos han permitido ir mejorando las condiciones de vida de la población salvadoreña más pobre. Por supuesto que si no se hubiera avanzado en la implementación de esos programas de sociales, la oligarquía nacional y el capital transnacional no tuvieran una respuesta desestabilizadora agresiva. Voy a sonar un poco de raro, pero debemos alegrarnos de la respuesta contrarrevolucionaria, porque si el FMLN en el gobierno estuviera nada más administrando y profundizando más el neoliberalismo, los burgueses estarían tranquilos y en paz con nosotros, pero la realidad es otra: ellos están arremetiendo fuertemente contra el buen vivir, eso significa que vamos avanzando. Debemos estar claros que este año que comienza la desestabilización se profundizará, lo cual nos llama a dar una respuesta organizada con la activa participación del pueblo salvadoreño.

Schafik señala lo siguiente:

[…] es necesario recordar que en todo proceso de revolución también surge la tendencia a la contrarrevolución. Esto tiene carácter objetivo, triunfa en definitiva la corriente que logra la mayor fuerza, la que se guía por un plan más acertado, más inteligente.[5]

El predominio de la revolución es el que nosotros debemos defender. Nuestros planes deben ser precisos y acertados y, para ello, la relación teoría y práctica es la clave. No basta solo con los programas sociales. Debemos pasar a la siguiente etapa. Como dice Frei Beto debemos hacer un «intenso trabajo alfabetización política de los beneficiarios»,[6] Pero a la vez debemos estar en las calles defendiéndolo los programas sociales.

No debemos, recubrirnos de un optimismo total. No debemos padecer, como dice Valter Pomar, la enfermedad del «machismo leninismo», es decir, creer que el proceso que hemos arrancado es irreversible. Todos los procesos pueden ser reversibles si no logran solidificar sus fuerzas en el terreno de la organización, movilización popular y en el de las ideas. Por eso nuestra apuesta debe ser la de construir y organizar el poder popular, y es que la profundización del camino hacia el Buen Vivir solo es posible con la participación y movilización popular, ahí está la clave y el horizonte de nuestra lucha.

La lucha por el poder es fundamental en el camino hacia buen vivir pero, ¿a qué poder nos estamos refiriendo? ¿Cómo se construye ese poder?

El poder no es un elemento externo al ser humano y tampoco se encuentra por encima de las personas y la sociedad humana, el poder no es ajeno a nosotros y nosotras, el poder no es producto de la casualidad y de la espontaneidad, es una construcción histórico-social, la validación del poder nace de las personas. El poder es la capacidad de imponer voluntades de manera consensuada o no.

En una sociedad determinada, el poder es la capacidad de utilizar el aparato del Estado, el aparato económico, el aparato ideológico, el aparato jurídico y el aparato militar para cumplir los objetivos de la clase dominante, en pocas palabras es la capacidad de ejercer hegemonía sobre la sociedad. Ese poder puede utilizarse para dominar o para liberar. Eso depende de quién hegemoniza el proceso de lucha. Por lo tanto, la lucha por ese poder es fundamental para llevar a cabo el proyecto de profundizar la democracia revolucionaria, participativa y protagónica, pero esa lucha pasa por estar claros que existen clases sociales enfrentadas históricamente: las clases oprimidas contra las clases opresoras. La lucha por la liberación de las clases oprimidas debe ser el hilo conductor de nuestra lucha.

Debemos primero partir de la idea que nosotros somos portadores de un poder inmenso, un poder capaz de transformar hasta lo que aparentemente es inmutable. Nuestro poder debe ser la capacidad que tenemos para intervenir en la realidad y transformarla a favor de nuestros intereses.

Menciono lo anterior porque debemos estar claros que el FMLN tiene el gobierno, pero no tiene el poder. Tenemos una parte del mismo, hemos conquistado espacios de poder a la oligarquía. Ese poder debe ser aprovechado para construir e incentivar más poderes y principalmente facilitar el empoderamiento de las clases oprimidas.

No basta con administrar al Estado burgués, debemos ir poco a poco desmontando la institucionalidad burguesa neoliberal y construir una transición hacia un estado protector e impulsor de la economía y que promueva la organización y el poder del pueblo que acompañado del FMLN y del movimiento social revolucionario, debe ir construyendo su propia experiencia, debe ir encontrando su propio poder, el poder de la educación, de la organización, de la producción y de la movilización para emanciparse.

La concertación es necesaria en ese camino, el neoliberalismo destruye las economías de los países periféricos y a la vez excluye a un sector de la burguesía nacional que se ve afectado directamente por los tiburones más grandes. Con ese sector agroindustrial excluido por el neoliberalismo debemos dialogar y concertar esfuerzos para construir una economía fuerte a nivel nacional, a la ves debemos concertar con los sectores populares, los cuales deben ser los portadores de las banderas de la liberación, de la democracia popular, de la revolución y del socialismo. Nuestra tarea es continuar la lucha hacia la consumación de la revolución democrática con rumbo socialista.

Ese rumbo socialista en El Salvador en el período actual de contraofensiva es el programa y la estrategia del Buen Vivir, entendido como una apuesta de cambio con inclusión en la generación y distribución de bienes, un cambio hacia la igualdad en la que se facilite la auténtica libertad, una compresión política de la pluralidad democrática, desde la cual construir el bien común que constituye el germen del socialismo y una nación fuerte y en progreso. Estas son tareas democráticas en la construcción del socialismo.

Debemos construir el poder revolucionario, nuestra tarea es llevar a cabo el proceso de la revolución democrática con rumbo socialista:

[…] corresponde a la revolución democrática construir bases objetivas que lleven el desarrollo, en la proyección de largo plazo, a traspasar las fronteras del capitalismo, estadio al cual preferimos seguir denominando socialismo.[7]

El objetivo principal de este proceso debe ser seguir avanzando en la superación de la pobreza, de la delincuencia y del tejido productivo del país que permita en la vida cotidiana nueva ir forjando y promoviendo los ideales y prácticas socialistas:

El sector popular de la economía estará basado en principios de productividad, competitividad, rentabilidad, solidaridad y cooperación y no en paternalismo; pero el estado, con toda energía deberá ayudarlo a surgir, despegar y compensar sus desventajas iniciales.[8]

Para ello tenemos el desafío inmediato de:

  • Ganar las elecciones de alcaldes y de diputados y diputadas del próximo año 2018
  • Asegurar que los neoliberales no vuelvan al control del gobierno en las elecciones del 2019. Por lo que debemos asegurar Dar continuidad, consolidar los cambios iniciados a partir del 2009 y desarrollados en el gobierno de Salvador Sánchez Cerén
  • Profundizar los procesos de cambios democráticos, económicos, sociales, culturales, políticos, y que se consoliden y defiendan con la acción organizada, es decir, aprovechar la conciencia social de millón y medio de personas que respaldaron al FMLN en las pasadas elecciones presidenciales, y
  • cumplir el objetivo estratégico de construir poder popular mediante la organización y movilización social

Nuestra meta histórica fundamental sigue siendo caminar hacia el socialismo. Para alcanzarla, el preciso llevar a cabo la democratización con hegemonía popular, la lucha popular y la realización del modelo alternativo de desarrollo económico social deben mantenerse inseparables e integrados.

Quiero terminar mi intervención recordando las siguientes palabras tan vigentes de Schafik:

Uno de los grandes desafíos de la revolución es mantener a la mayoría del pueblo vinculada al proyecto […] poniendo pronto en camino de solución los problemas más urgentes de la vida cotidiana: alimentación, salud, vivienda, educación con la participación de la gente misma.

¡La lucha continúa!

Muchas gracias.

 

*Asdruwal Ramírez es investigador del Instituto Schafik Hándal.

 

[1]    La crisis de la deuda latinoamericana también conocida como la década perdida de América Latina, fue una crisis financiera que se desarrolló a inicios de los años 1980, cuando los países latinoamericanos alcanzaron un punto en donde su deuda externa excedió su poder adquisitivo y no eran capaces de hacer frente a los compromisos adquiridos de pago.

[2]    Edgar Lara: «El Salvador a trece años de política de ajuste y estabilización económica», REDICCES, San Salvador, El Salvador, 2003.

[3]    Schafik Jorge Hándal: Legado de un revolucionario (segunda edición, hecha en tres tomos), t.3, Ocean Sur, Ciudad de México, 2014, p. 64.

[4]    Ibíd.: p. 84.

[5]    Ibídem: p. 48.

[6]    Frei Beto: «Brasil, radiografía de un golpe», revista Casa no. 284, Casa de las Américas, La Habana, 2016.

[7]    Schafik Jorge Hándal: «Es posible un proyecto popular latinoamericano dentro de la democracia burguesa y la economía capitalista?», ponencia en el Congreso Internacional: Reforma o Teoría/Praxis revolucionaria en América Latina y Europa, Frankfurt, octubre de 1993, p. 4.

[8]    Ibíd.: p. 5.

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