Construcción del poder popular desde la articulación del gobierno, el partido y los movimientos sociales

Algunos elementos importantes desde la experiencia de El Salvador

Roger Blandino Nerio*

En el reciente I Congreso del FMLN «Schafik Hándal» (2015) advertía nuestro secretario general Medardo González sobre el problema de la correlación de fuerzas en El Salvador, que mostraba un prolongado equilibrio entre la derecha y la izquierda, desde los momentos en los que se definieron los Acuerdos de Paz hasta el momento actual, y de ahí derivaba la imperiosa necesidad, la imperiosa tarea del partido de buscar romper esa correlación a favor de las fuerzas del pueblo, para avanzar en el proceso de realizar las transformaciones que nuestra patria y nuestro pueblo necesitan. En ese contexto es que la necesidad de construir y fortalecer el poder popular se revela con mayor fuerza como la palanca decisiva al propósito señalado.

Este pensamiento, expresado en ese momento, sintetiza la voluntad del FMLN de buscar el camino que nos mantenga siempre apegados a lo que hemos definido como nuestra misión histórica, construir el socialismo en nuestro país, asumida desde el mismo nacimiento de cada una de las cinco organizaciones fundadoras del FMLN. Pero, además, expresa el reconocimiento de uno de los problemas principales para avanzar, la correlación de fuerzas a nuestro favor, y junto a ello la obligada reflexión acerca de las formas de lograr esa ruptura y de transitar el camino de la construcción socialista en esta nueva realidad mundial, y es aquí donde de nuevo viene a nuestro presente la obra, el pensamiento de Schafik.

Schafik nos explica que el fin del conflicto armado sin haber alcanzado la victoria revolucionaria nos conducía, producto de los Acuerdos de Paz, a iniciar un novedoso proceso para democratizar al país, y nos decía: Nosotros visualizamos que este sería largo, debería de ser sostenido y crearía las condiciones para alcanzar sucesivamente niveles superiores de desarrollo social. Y fundamentado en esa visión del proceso, nos decía que la misión del partido debíamos de planteárnosla de la siguiente manera: Dejábamos las armas; nos convertíamos en un partido legal para participar activamente en la lucha política; y entrabamos dentro del sistema con la decisión de mantener la lucha persistente para consumar la Revolución Democrática inconclusa, orientada a cambiar el sistema y asegurar el desarrollo social en un curso más o menos duradero rumbo a una sociedad socialista.

Con ese marco histórico claro, y asumiendo que el equilibrio de fuerzas se mantiene 25 años más tarde de estas palabras, estamos obligados a continuar buscando las respuestas al problema, a problematizar, a cuestionar nuestra manera de abordarlo hasta encontrar la solución. En esa búsqueda de respuestas Schafik nos remite al pueblo y desde ahí sigue siendo una fuente importante para la labor creativa frente al desafío de avanzar.

La experiencia construida en la lucha, el largo y sacrificado esfuerzo de nuestra militancia y nuestro pueblo que nos permitió desarrollar una guerra prolongada, negociar la solución política en un mundo que ya era claramente adverso, pasar a la paz, construir el instrumento legal para participar políticamente e ir ganando progresivamente mayor poder en la institucionalidad del país hasta incluso tomar control del poder ejecutivo, nos han permitido conocer y reconocer por nuestro pellejo la importancia, pero también los límites, de ese poder institucional y la decisiva importancia de la organización del partido, del pueblo y de la fuerza de nuestras ideas.

En estas cosas la vida enseña más que la academia cuando se tiene un partido, cuando se tiene reflexión colectiva. A estas alturas de la historia hemos desnudado plenamente los resortes de la institucionalidad del sistema republicano nacido de la revolución burguesa de Francia, resortes diseñados para su auto conservación y para la perpetuación de los intereses de las clases dominantes. Hoy conocemos mejor el sistema legal que le da soporte a toda esa institucionalidad y su funcionamiento.

Hemos aprendido también que el aparato burocrático de Estado construido en cada país capitalista fue diseñado y llevado a sostener una práctica que garantiza la continuidad de lo mismo para beneficio de los mismos.

Por todo ello es que ya en el Programa Social y Democrático para El Salvador que enarboló Schafik cuando fuera nuestro candidato presidencial para las elecciones del 2004 dedicó todo un capítulo al tema «Democracia para la gente». En él encontramos varias ideas orientadas a desatar la mayor participación organizada del pueblo en el quehacer político vinculado a la solución de sus problemas y en directa relación con el gobierno nacional, mostrando ideas, estableciendo caminos en la dirección que nos preocupa y que nos interesa.

Se decía entonces que debíamos comprometernos a: desarrollar una gestión creativamente democrática tendiente a la superación del verticalismo presidencialista y a generar una ambientación favorable a la reflexión nacional y a la discusión sobre la necesidad de transitar hacia un régimen donde, efectivamente, la Asamblea Legislativa sea el primer órgano del estado y el pueblo pueda participar bajo formas más directas, y más adelante nos expresa que debemos trabajar para reconocer y respaldar la autogestión y el derecho natural del pueblo de auto representarse para defender sus intereses y promover soluciones. En resumen, cambiar lo viejo, lo vetusto de la institucionalidad, hacer al pueblo partícipe y organizar, organizar, organizar al pueblo en torno a sus liderazgos, en torno a sus problemas para avanzar a resolver el gran problema de transitar a un régimen distinto. Ha pasado más de una década desde entonces y hoy estamos gobernando el país, de ahí que la decisión de celebrar nuestro primer congreso y profundizar en estas reflexiones ha sido algo sumamente importante.

El congreso mandató construir mayor organización del pueblo, precisando que esta debe de tener visión y compromiso político de transformación revolucionaria del sistema. Sin esa condición no es posible construir poder popular, no se trata de cualquier tipo de organización. También estableció el lineamiento de ir a la construcción del trabajo sectorial del partido en todas las instituciones.

Construir poder popular y no solo cantidades de votantes es darle firmeza al avance, es elevar la calidad de la articulación de los esfuerzos del trabajo con los movimientos de masas y el partidario, del trabajo del gobierno y del pueblo y es empujar en el camino de las correcciones y de ampliar capacidades y fuerzas.

Hoy en El Salvador se ha intensificado el enfrentamiento político, es decir, el enfrentamiento de clases y los desafíos para avanzar son mayores.

La acción desde el partido permitió llegar al gobierno nacional y la acción desde el gobierno y desde la institucionalidad ha favorecido la aparición en la vida social y económica y, en algunos casos, en la lucha de nuevos actores organizados y también de miles de personas que, siendo favorecidos de esos procesos se, mantienen relativamente pasivos.

Los ejemplos de esto último son diversos. Para el caso los beneficiarios con la transferencia de tierras, impensable en gobiernos de derecha, suman ya más de 60 mil personas; las familias en condiciones precarias que han recibido fracciones de calles en desuso o parcelas en las viejas líneas de tren igualmente; las familias de los estudiantes beneficiarios de los paquetes escolares suman decenas de miles; los productores de uniformes y zapatos para los escolares suman millares de artesanos pequeños y medianos propietarios. En otras palabras, es un mar de gente incluido en todos esos procesos que obligan a pensar cómo trascender de la pasividad que refuerza concepciones asistencialistas reaccionarias, hacia formas de organización que eduque y movilice en función de fortalecer el proceso.

Por ahora nuestro gobierno ha dispuesto la convocatoria desde los Gabinetes Departamentales y Municipales a la constitución de las Asambleas Departamentales y Municipales en las que participan los principales liderazgos sociales de cada región o localidad. Esta iniciativa puede ser buena si logramos, no solo debatir la planificación y definir las prioridades a abordar, sino también educar, concientizar y superar los límites en que se derivó con los «presupuestos participativos» que, a nivel municipal, fueron moda hace varios años, y que de ser la novedad en participación ciudadana democrática pasaron pronto a evidenciar serias limitaciones para provocar cambios en el pensamiento social o quedaron en simples formalidades en muchos lugares. La pregunta entonces es: ¿cómo esa iniciativa correcta de constituir las Asambleas Departamentales se logra convertir en mecanismo que propone y exige más democracia, más capacidad de decisión sin permitir que esa capacidad pueda ser manipulada por la reacción?, y ¿cómo logramos que tras esa capacidad de demanda de mayor participación y decisión se cuente con la movilización de bases imbuidas de sus demandas? Ese es el camino a transitar para superar el asistencialismo y los riesgos y para lograrlo debemos de apoyarnos en las organizaciones más consientes y en sus dirigentes.

Otro campo importante de la acción transformadora en esta etapa en este país, es la de modificar la inercia funcional del aparato de Estado, de la burocracia estatal donde es dominante el personal que llegó al cargo por compadrazgos, al que no le interesa modificar formas y métodos de trabajo para servirle mejor al pueblo, que tiene una visión política indiferente ante la problemática de la población o francamente una postura militante reaccionaria. Este cambio, esta tarea que ocupará en el tiempo un mediano plazo, es de nuestro gobierno y debe de abocar a los militantes que ocupan los más altos niveles de dirección en esos espacios y a toda la militancia partidaria vinculada directamente a ellos.

Se debe de lograr en el más reducido plazo. De otra manera es casi imposible que un programa de gobierno transformador pueda avanzar. Por eso es clave el aseguramiento de la construcción de las formas de organización sectorial que permitan a toda la militancia partidaria dispersa en estos espacios su articulación alrededor del Plan de Gobierno y los lineamientos de trabajo que permitan construir nuevas formas de hacer las cosas, más eficientes y austeras, y que apoyados por el pueblo organizado generen la presión que obligue al cambio y derrote el sabotaje que desde adentro realizan los elementos más comprometidos con el enemigo.

Al mismo tiempo, en el campo de la organización popular y social es indispensable reconocer la profunda disputa de las masas que se desarrolla, y que obliga a redoblar los esfuerzos de reflexión, educación, de cercanía partidaria y acompañamiento diligente ante sus problemas y reivindicaciones y conducir a los sectores conscientes del pueblo organizado a aislar al enemigo y a su derrota.

En El Salvador, ahora como nunca en la historia, hemos visto como quienes siempre reprimieron los sindicatos en el sector privado y se opusieron a aceptar el derecho a organizar sindicatos en el sector público, son los que ahora pretenden ser abanderados de la causa de los trabajadores y usan la lucha por supuestas reivindicaciones laborales de este sector como mecanismo para el bloqueo y el sabotaje al gobierno. Justamente en esta batalla vienen a ser los liderazgos más conscientes y las organizaciones consecuentes quienes se convierten en el destacamento de primera línea para contener la amenaza y avanzar al logro de nuestros planes y ya lo estamos haciendo.

En resumen, la experiencia nos señala que el refinamiento y la sofisticación que reviste la lucha por las transformaciones sociales y revolucionarias en este largo proceso, cuyo primer paso es consolidar, en nuestro caso, la democratización como señalaba Schafik, requiere no solo de creatividad, requiere además esfuerzos gigantescos por acercar al pueblo y darle organización y conciencia, de elevar el papel del sector más avanzado y conciente de la organización popular, requiere desatar a la institucionalidad de sus viejas amarras, de elevar el papel del partido y de todos sus cuadros en el desarrollo de estas arduas y demandantes tareas, requiere pues, en definitiva, construir poder popular y no solo masas de votantes.

Al final de todo esto, sí lo hacemos bien y lo vamos a hacer bien!, vamos a arribar a otra idea fundamental sobre la ruta al socialismo que Schafik plasmaba en sus reflexiones cuando decía: En la medida que el sistema esté en manos de la sociedad, ella necesitará, como exigencia vital, influir directamente en el curso de todos los asuntos sociales y públicos. Esta es una diferencia de fondo con la democracia burguesa, limitada sobre todo por los intereses de la clase de los grandes capitalistas. Abrirle paso, desde ahora, a formas y expresiones crecientes de la democracia participativa, es hoy parte de la lucha no solo por la democracia, sino por el socialismo.

*Roger Blandino Nerio es diputado a la Asamblea Legislativa de El Salvador y Secretario Nacional de Organizaciones Sociales del FMLN.

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