La lucha por el socialismo en la América Latina actual

Damián Alegría*

En primer lugar quiero agradecer a los organizadores del Seminario Internacional «Vigencia del pensamiento de Schafik en la América Latina del siglo XXI», la invitación a participar en este evento, que pone de manifiesto siempre la fecundidad y profundidad del pensamiento de Schafik, para luchar por el socialismo desde la realidad concreta de nuestro país y nuestro continente, y que demuestra la vigencia plena de su visión para caracterizar el período, las estrategias y alternativas para construir y fortalecer el proceso revolucionario que encabeza el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

En el escrito Nuestra Orientación al Socialismo, Schafik, afirma:

La Guerra Popular Revolucionaria, su finalización negociada y la firma de los Acuerdos de Paz, terminaron con 60 años de dictaduras militares y pusieron en marcha una transición, que se proyectaba como sucesivos cambios estructurales en el sistema político y el inicio de cambios económico-sociales capaces, en conjunto, de hacer posible el ascenso al poder del Estado de las fuerzas revolucionarias y progresistas en general, para consumar la realización del Programa de la Revolución Democrática, rumbo al socialismo.[1]

Pero también acota:

La guerra revolucionaria concluyó sin derrocar del poder a la oligarquía y su partido de derecha ultra conservador, en un mundo en el que se derrumbaba el modelo de socialismo de Estado imperante en la Unión Soviética y en Europa Oriental; en Centroamérica se producía la derrota electoral del Frente Sandinista y su salida del gobierno de Nicaragua, al mismo tiempo que se consolidaba en el mundo capitalista la hegemonía neoliberal sobre la globalización.[2]

Después señala los impactos políticos e ideológicos en nuestro país y el mundo, aprovechados principalmente por los eternos enemigos del socialismo, que generaron desesperanza, confusiones, vacilaciones, fracturas y dispersión en la izquierda revolucionaria, permeando ideológicamente incluso al interior del FMLN, ya que algunos dirigentes dejaron de creer en la revolución democrática y el socialismo, e indujeron a la dispersión del movimiento social organizado, llevándolo al rompimiento de su compromiso político revolucionario.

Esto facilitó y aceleró la transición neoliberal del Estado y la economía, y fortaleció ideológicamente el poder de la derecha, en particular, del grupo oligárquico del gran capital, que buscó adueñarse nuevamente del sistema financiero, abandonando el modelo agroexportador y de industrialización sustitutiva de importaciones basada en el Mercado Común Centroamericano. Concluyendo que así quedó configurado el escenario de posguerra, en el que se enfrentaron desde entonces estas dos transiciones, la democrática revolucionaria y la neoliberal.

Esta última –afirma Schafik– «avanzó con la ventaja del poder, apoyo electoral y la penetrante influencia ideológica y política de los “éxitos” neoliberales que entonces ocurrían en el mundo». A esto se sumó la fractura del FMLN, la dispersión ideológica de la izquierda nacional y mundial, y su reducida experiencia en la lucha política legal, en ese momento. Así, los Acuerdos de Paz, gestores de la transición democrática y revolucionaria, enfrentaron el bloqueo provocado por la transición neoliberal, que impidieron su ejecución integral generando incluso deterioro en algunos de sus principales componentes.

Sin embargo, las profundas raíces populares de la izquierda agrupada en el FMLN, la fuerza de sus ideales por la parte mayoritaria de su liderazgo y militancia, su capacidad de orientarse y elaborar estrategia en la nueva situación, le permitieron disputar la hegemonía política electoral y acumulación de fuerza social, de manera progresiva. Esta es la fuerza que da fundamento a la posibilidad de guiar al país, por el rumbo democrático y revolucionario, por la que miles de patriotas soñaron y ofrendaron sus vidas.

Es así que, después de participar en un gran número de elecciones, desde 1994, el FMLN acumula experiencia y se posiciona como principal fuerza política, ganando las elecciones en 2009 y desde entonces desarrolla un programa de transformaciones importantes, que sin ser estructurales, frenan el avance del neoliberalismo y se proponen crear mecanismo irreversibles para establecer las bases de la revolución democrática con orientación al socialismo.

Con el mismo entusiasmo, Schafik participó en la fundación del Foro de Sao Paulo, junto a Fidel, Lula, Evo, Daniel, como centro de debates acerca del futuro del socialismo en Nuestramerica, que destacó el rechazo del continente al capitalismo y el neoliberalismo, que no resolvieron sino, al contrario, agravaron, la situación de los pueblos, principalmente indígenas. Ellos rechazaron la tesis del fin de la historia, propuesta por Fukuyama, en aquel momento con tono triunfante por parte de la derecha nacional e internacional. Fukuyama vino a El Salvador en el año 2010, y tuvo que aceptar que su visión fue equivocada.

En las últimas dos décadas, América Latina vivió experiencias novedosas en el proceso de construcción de sociedades más justas e inclusivas, que fortalecieron el entusiasmo de los pueblos; que se dieron a la tarea de salir de la pobreza, creando mayor acceso a la educación, a la salud, al desarrollo humano, integrando a las mayorías indígenas a los beneficios de la democracia y la justicia; y que eliminaron el endeudamiento crónico y generaron superávits que, en lugar de engrosar las cuentas de las multinacionales, se invierten en programas de desarrollo que llegan a sectores que nunca antes fueron tomados en cuenta.

El ascenso al poder de gobiernos progresistas y revolucionarios, en Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros países que rechazaron el neoliberalismo porque no está al servicio de las grandes mayorías populares, demuestran la enorme fuerza social y política de los partidos y movimientos que forman parte del Foro de Sao Paulo, que con la integración del comandante Hugo Chávez a sus debates, apoyado por Schafik Hándal, le dieron un fuerte impulso a este movimiento que proclama la independencia de América Latina, y que ahora se enfrenta viril al imperialismo y su hambre insaciable de poder y recursos naturales. Estamos entonces en el período de la revolución democrática, que debe profundizar la democracia, asegurando así, el tránsito al socialismo, con la premisa de Schafik de que el socialismo será posible siempre y cuando el pueblo lo quiera y lo defienda.

Schafik señala que esta revolución democrática, como etapa de avance al socialismo, debe cumplir ciertas características fundamentales para ser irreversible, y ser capaz de enfrentar exitosamente la presión imperialista que busca retomar el control de la región:

  1. La solución profunda e integral al problema agrario, que saque de la actual marginación y atraso a las comunidades rurales y a la producción agropecuaria de su progresivo debilitamiento, asegurando altos niveles de justicia y progreso social a sus trabajadores asalariados y campesinos; que imprima estabilidad y dinamismo al sector cooperativo y al pequeño y mediano empresariado, así como a las empresas mayores, al mismo tiempo que viabilice el proceso de industrialización de sus productos y los comprometa en la función social de sus empresas.
  2. El desarrollo y la profundización de la democracia, llevándola al perfeccionamiento de la representatividad, a la activa y amplia participación ciudadana en la toma de decisiones que a nivel local y nacional determinen las condiciones en que vive la sociedad, el rumbo hacia donde ella marcha y el goce irrestricto de los derechos humanos y las libertades individuales y sociales.
  3. Asegurar la independencia y el ejercicio de la soberanía nacional en la adopción de las decisiones de políticas y acciones nacionales en el plano económico, social y político, así como en la toma de las decisiones y acciones de política exterior e integración regional. Tienen especial y determinante importancia las decisiones independientes frente al FMI, la fijación de requisitos y reglas para la inversión extranjera, los ritmos y condiciones de la inserción de El Salvador en el proceso de globalización, priorizando los intereses nacionales.

Y afirma con fuerza que:

Nuestra misión, junto con otras fuerzas progresistas, consiste en orientar la marcha de la revolución democrática hacia el socialismo. Los cambios que ella realizará no conducen automáticamente al socialismo; para ello se necesita la voluntad política del pueblo expresada democráticamente y una conducción esclarecida y firme. Si el pueblo quiere habrá socialismo; será este quien lo conquiste y lo defienda con su lucha. El FMLN está comprometido con la difusión de las ideas del socialismo y la organización de esta lucha.[3]

En el debate sobre la tesis sobre la toma del poder para hacer las transformaciones sociales, políticas y estructurales, Schafik siempre afirmó de manera categórica que la toma del poder, es condición clave para impulsar la revolución democrática y su transición al socialismo, de la siguiente manera:

Así pues, la transición al socialismo pasa, necesariamente, por la conquista del poder por las fuerzas revolucionarias, por la democratización sucesiva y profunda, por el desarrollo cuantitativo y cualitativo de las fuerzas productivas y por el gradual predominio de la propiedad social sobre los medios de producción. La transición en conjunto será gradual y avanzará al ritmo del consenso de las diversas fuerzas sociales y políticas que se comprometan con la construcción socialista y teniendo en cuenta las características y tradiciones socio-políticas y económicas de nuestro país, así como también las condiciones internacionales en que se desenvuelva este proceso.

Schafik establece que la transición al socialismo será posible si se cumple con que:

  1. El poder del Estado deberá estar principalmente en manos y conducido por las fuerzas políticas y sociales revolucionarias comprometidas con el socialismo; por decisión democrática del pueblo.
  2. Un nuevo orden económico basado en la pluralidad de las formas de la propiedad de los medios de producción, distribución, financiación y servicios, conforme a las normas constitucionales […] y en el acceso de las mayorías a los avances científico técnicos. El mercado, conforme a esas normas, funcionará regulado por el Estado para asegurar el interés social y el progreso.
  3. Un sistema político democrático, pluripartidista y cada vez más accesible a la participación activa de la sociedad.
  4. Una reorientación de las funciones del Estado de manera que su objetivo y meta sean las personas y su progreso con equidad. Lo cual incluye un conjunto de políticas y acciones estatales dirigidas a equiparar a las mujeres y a los hombres en el acceso a los recursos y a la toma de decisiones en los ámbitos público y privado.
  5. Una política exterior independiente que enaltezca la dignidad de la Patria, basada en relaciones de respeto, cooperación y amistad con todos los países del mundo, y en decisiones soberanas, pensadas con autonomía e identidad nacional, para conducir el desarrollo. Esta política impulsara la solidaridad con los pueblos, con sus sufrimientos y aspiraciones. Será una política que defienda la paz mundial, las conquistas de los pueblos en el ámbito del Derecho Internacional, el fortalecimiento y democratización de la ONU, respetando su Carta fundadora, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y sus desarrollos posteriores, y de las demás entidades internacionales en las que participa El Salvador. Será, así mismo, una política que promueva la integración centroamericana y latinoamericana.
  6. Una inserción justa con una apertura gradual en el proceso objetivo de la globalización, que fomente el desarrollo integral de El Salvador.
  7. Un desarrollo económico social que se armonice con el medio ambiente y lo restaure.[4]

Consideramos que estas ideas expresadas por Schafik, siguen siendo válidas en general, para nuestro pueblo y sirven de puntos de reflexión para los pueblos de América Latina, que sigue buscando su propio camino, autónomo, independiente y soberano.

Ahora que en Nuestramerica, un buen número de países han avanzado solucionando los problemas de exclusión y marginación social, orientando la inversión del Estado, a educación, salud, economía popular, bienestar de las familias y en indicadores de desarrollo humano, vemos la desesperación del imperio, que pierde control de la región e impulsa la guerra asimétrica, para desestabilizar a los gobiernos de carácter progresista, guerra que incorpora el ataque por todos los medios posibles, incluyendo la guerra económica, guerra mediática, guerra tributaria, guerra judicial, guerra de las drogas, guerra cultural, golpes suaves, aislamiento internacional, instalación de bases militares que funcionan como centros de mando político, restablecimiento de estructuras de la guerra fría, como la IV Flota del Ejercito de los Estados Unidos, en el Caribe, y por supuesto la violencia física a través de pandillas y crimen organizado, para impedir que los pueblos se expresen de manera abierta y libre, utilizando el terror como instrumento represivo, que busca aplastar la aspiración de nuestra gente de vivir en paz, con dignidad y con justicia social para todas las personas.

Ahora entendemos mejor las palabras de Schafik cuando dice que el socialismo será realidad si el pueblo lo decide y lo apoya, para lo cual, debemos acercarnos más, concientizar más y de manera más profunda al pueblo, fortaleciendo su rol protagónico, llevando la democracia a niveles más altos, que son el camino real al socialismo.

Pese a todas las estrategias de la derecha nacional e internacional, si aplicamos las orientaciones e ideas de Schafik, nuestros pueblos terminaran venciendo esas y todas las estrategias imperiales y continuaran su rumbo de construir sociedades justas, inclusivas, con pleno desarrollo humano, pues como siempre la verdad prevalecerá y la justicia se impondrá.

¡Schafik vive! ¡La lucha sigue!

*Damián Alegría es diputado a la Asamblea Legislativa de El Salvador.

[1]    Schafik Hándal: Nuestra Orientación al Socialismo, San Salvador, 8 de octubre de 2002, p. 1.

[2]    Ídem.

[3]    Ibíd.: p. 4. (Las cursivas son nuestras).

[4]    Ibíd.: p. 6. (Las cursivas son nuestras).

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