“La cultura y las ideas, ruta para cualquier transformación humana”

Berne Ayalá* Ponencia presentada en el V Seminario Internacional Vigencia del Pensamiento de Schafik en la América Latina del Siglo XXI –  “Los desafíos de la izquierda en América Latina y El Salvador HOY” – Enero 2020

“Para transformar la realidad en El Salvador necesitamos un Partido que siga fiel a la misión revolucionaria de cambiar este sistema. Su composición, su organización y funcionamiento deben ser coherentes con esa misión ¡Porque, hay que admitirlo, se rompió la coherencia entre la misión, la estructura y el funcionamiento del Partido!

Si a estos factores ya analizados le agregamos que, durante muchos años, la educación política prácticamente desapareció, que incluso el cultivo de la memoria histórica desapareció por bastante tiempo, es fácil entender las características del pensamiento en nuestro Partido, tal como es hoy.”

Schafik Hándal (septiembre 1, 2004)

“Una revolución solo puede ser hija de la cultura y las ideas”.

Fidel Castro (febrero 3,1999)

 Cuando se habla de cultura se corre el riesgo de considerar que hablamos exclusivamente del hacer humano vinculado a la música, literatura, teatro, cine, artes visuales; y por supuesto que esas áreas del hacer humano son inherentes a nuestros procesos históricos-identitarios, pero en esta ocasión, la idea de plantear un debate en torno a la cultura y las ideas está orientado a profundizar en aquellas aristas que permiten o impiden las transformaciones humanas. Me refiero a la cultura, o culturas, que generan los aprendizajes significativos, a saber: solidaridad, estudio, disciplina, organización, ética, historia, lealtad, literatura, ideas, identidad, nación, etc. ¿Puede existir la izquierda sin valores efectivos como solidaridad, educación, disciplina, organización, ética, lealtad, literatura, ideas, subjetividades e identidades populares, sin historia?

Descripción general de la crisis.

La evolución de la sociedad tecnológica y su superficialidad cognoscitiva, la voracidad del capitalismo global, la transnacionalización del sistema mediático, la estandarización de datos para alimentar estrategias destinadas a dominar conductas y saberes, las fracturas de los partidos y organizaciones de izquierdas, la inexistencia de un consenso nacional que beneficie la justicia social, el debilitamiento de los paradigmas humanistas y la oscuridad ética y la deficiente visión estratégica en una parte de la dirigencia, la desvinculación generacional entre la vieja y la joven militancias, el desapego con la educación y la historia, son los más sobresalientes elementos que afectan el pensamiento y la acción de la izquierda salvadoreña.

I. La mirada que antecede.

  1. La experiencia anterior a la democracia. Durante los años 1970 el carácter dominante de lo político fue la organización social masiva, asociado a una progresiva presencia del factor de la lucha militar, especialmente en las áreas urbanas. Al fundarse el FMLN en octubre de 1980 y especialmente desde el 10 de enero de 1981 hasta el 16 de enero de 1992, lo militar fue determinante; a este factor se le observó vinculado estrechamente a la diplomacia y a la influencia política de las fuerzas rebeldes en determinados sectores de la sociedad civil. En este periodo la organización social como experiencia vital no volvería a observarse con la misma fortaleza que se observó durante la década de 1970.
  2. La ética y los imaginarios. Los imaginarios con los que nació y se desarrolló la izquierda, a pesar de haberse producido una dispersión orgánica a partir de 1970, eran esencialmente homogéneos, alcanzar una sociedad más justa con la derrota de la dictadura militar. Conceptos como socialismo, solidaridad, hermandad, justicia, libertad, se veían formulados no solo en documentos sino en la actitud política y ética de las organizaciones y sus militancias, dispuestas a sufrir incluso tortura y muerte si con ello se alcanzaban sus objetivos supremos. Ese altruismo tiene significados profundos para la historia nacional. La ética desde la izquierda y su vinculación con otras tendencias como la teología de la liberación, fue probablemente su estándar programático más interesante en el nivel teórico de esos años, porque todo lo referente al capitalismo y al socialismo desde la filosofía y la economía política ya había sido escrito por los clásicos del marxismo.
  3. La noción de partido. Desde la fundación del PCS en 1930 —pasando por el surgimiento de las FPL, ERP, RN y PRTC—, los grandes debates en torno al partido, se bifurcaron en dos esquemas: partido de cuadros o partido de masas; en casos extremos ausencia total de visión de partido debido a la preponderancia del factor militar en la estrategia de algunas organizaciones de izquierda. Con la fundación del FMLN, el tema del partido quedó relegado a un segundo plano debido a la generalización de la guerra, la cual demandó la inyección total de los recursos humanos y materiales a librar la lucha militar. El funcionamiento del partido en ese ambiente estaba definido por cada una de las cinco organizaciones que integraban el FMLN, con sus propios mecanismos internos. La visión general mostraba la idea de un partido de cuadros dirigiendo un ejército guerrillero concebido como la vanguardia de la revolución, pero de forma atomizada, expresión inequívoca de las fracciones que conformaban el movimiento guerrillero de liberación, pero la realidad evidenció que la naturaleza de la guerra potenció la cultura autoritaria, la voz de mando, la figura del jefe, por encima de la autoridad colectiva de una partido coherente en su estructura y funcionamiento.
  4. El factor electoral. Desde 1930, la izquierda salvadoreña representada en el PCS enfocó su actividad en la participación electoral (entre otras acciones organizativas obreras y sindicales), desde ese momento le vincularían de forma permanente a este sistema hasta la última elección de la Unión Nacional Opositora (UNO) en 1977, cuyo candidato a la presidencia fuera el coronel Ernesto Claramount. Lo electoral fue, en el debate de las organizaciones de izquierda surgidas desde 1970, tema que con el de la lucha militar, enfrentó a toda la izquierda salvadoreña en una despiadada y destructiva batalla.

La izquierda salvadoreña logró unificarse durante 12 años en torno a la lucha militar, desde finales de 1979, y concretamente a partir de octubre de 1980 hasta la firma de los acuerdos de paz en 1992. Al cerrarse el capítulo de la guerra, las distintas organizaciones guerrilleras intentaron seguir unidas frente a la nueva realidad dominada por el sistema democrático burgués: disolvieron formalmente sus cinco organizaciones guerrilleras e intentaron cohesionarse en una sola organización cuya mayor cualidad sería el factor electoral, el partido FMLN.

 II. La reforma del Estado.

Han transcurrido 28 años desde que se firmara en Chapultepec el acuerdo que puso fin a la guerra civil. Ese acontecimiento cultural encierra una tormenta que resumió la historia salvadoreña sucedida entre 1930 y 1992, extendidos sus impactos hasta este año 2020. La constitución de 1950, que cambió por la de 1962 (era esencialmente la misma), sustituida por la vigente desde 1983, la cual sufrió su más trascendente reforma por aprobación (1991) y ratificación (1992) legislativas.

1. Lucha militar y negociación, fuente de derecho constitucional. La lucha armada destinada a derrotar la dictadura militar se constituyó en el vector dominante de una negociación política que se volvió fuente de derecho constitucional.

La reforma del Estado, que solo podía surgir de una reforma constitucional, se produjo en el diálogo permanente entre el gobierno/Fuerza Armada y la guerrilla del FMLN.

2. Democracia burguesa. Por primera vez en la historia de la república, se abrió camino a la democracia burguesa con un sistema político de representación, en el que podían participar las fuerzas de izquierda y progresistas salvadoreñas, sin el temor de la represión, el chantaje y el fraude electoral auspiciado por la oligarquía cafetalera y su dictadura militar.

3. Modelo económico. El modelo económico imperante desde antes y durante la guerra no fue objeto de la negociación política que puso fin a la misma; sobre sus cenizas se estaba transformando a uno todavía más severo. Ese particular asunto ha tenido un impacto profundo en la vida de las y los salvadoreños. En el modelo económico que lleva casi tres décadas descansa la cultura hegemónica de nuestra sociedad, pero además entre sus gruesas paredes se encierra la realidad sobre la que se han plantado los derroteros y los grandes fallos de las fuerzas progresistas y de izquierdas.

4. Neoliberalismo y Consenso de Washington. Mientras la negociación política pretendía terminar con la guerra y sentar las bases mínimas para una democracia representativa, el “Consenso de Washington” dirigido por la élite económica de Estados Unidos, sentaba las bases para el inicio de una nueva fase económica, popularmente conocida como “neoliberalismo”, cuya finalidad estratégica consistía en permitir que pequeños grupos de poder dominaran la economía de mercado y los recursos estratégicos del Estado. La humanidad había arribado a una fase del capitalismo hegemónico a nivel mundial, vigente hasta nuestros días.

III. Los renglones torcidos.

  1. La crisis ética del capitalismo y sus incidencias. La crisis ética del capitalismo afectó de manera drástica la ética de las organizaciones de izquierda. Los vasos comunicantes por los que las organizaciones de izquierda se alimentaron durante más de veinte años en su estadía por las habitaciones de la democracia burguesa, es decir, su sistema político y el Estado, desde donde se reproducía el modelo económico excluyente, moldearon con ferocidad la conducta de las organizaciones, de sus dirigentes y de su militancia. De ahí se nutrieron de una cultura ajena a sus imaginarios y a su propia ética, de ahí, la izquierda histórica se desfiguró.
  2. La derrota electoral y la derrota política. La derrota electoral no debe ser la más importante derrota de los partidos y organizaciones de izquierda, porque la alternancia en el gobierno es propio de la democracia burguesa, cuyas reglas, contenidas en la forma del gobierno republicano democrático y representativo, han sido aceptadas; lo que debería preocupar es la derrota en el campo de la ética, la derrota de los paradigmas, la derrota de los imaginarios, la derrota de su historia y de su cultura, porque estas son las únicas fuentes a partir de las cuales se puede caminar y reinventar la izquierda hacia el futuro, porque solo con las fuentes fundamentales de la izquierda y sus aliadas, las fuerzas progresistas, se puede resistir desde una cultura identitaria genuina.
  3. El poder desde el sistema educativo conducido por el Estado. Todas las personas que hoy día tienen 35 años, fueron formadas por un sistema educativo conservador que posee un profundo carácter de derechas. Ninguna reforma estructural de fondo afectó a profundidad este campo de la ideología desde 1992. La forma de pensar y de sentir de la gente nació en las aulas de la escuela dominada por una cultura retrograda, que los diez años que el FMLN gobernó el órgano ejecutivo no fue capaz de quebrar.

El pilar fundamental del aparato ideológico descansa en su sistema educativo. Por ello no fue casual que la constituyente impulsada por Hugo Chávez Frías, que dio lugar a la creación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, haya provocado la instalación de un simbolismo a cuya cabeza ha estado Simón Bolívar y todo cuanto esté referido a su persona y a sus mayores imaginarios como la independencia y autodeterminación de los pueblos, desde esa visión educativa refundó las Fuerzas Armadas y abrió un progresivo camino para una nueva cultura, distinta a la anterior. Ambas culturas coexisten en una batalla feroz, la una conducida por el PSUV y la otra por la intervención de Estados Unidos y las fuerzas de derechas y conservadoras.

  1. Las carencias ideológicas y organizativas. Cuando la guerra terminó, el tema más importante que se debía superar era el de la vieja cultura. En lugar de ello la izquierda fue subsumida paulatinamente por los valores y la ideología dominante, volviéndola portadora voluntaria y/o involuntaria de una vieja y retrograda cultura del autoritarismo y el desprecio. Poco a poco el debate franco y directo que caracterizó a la izquierda fue superado por la imposición, la rigidez, y lo más grave, la intolerancia al cuestionamiento. Muchísimo daño provocaría este cúmulo de factores culturales. La disidencia se volvería común y con el paso de los años se perderían personas valiosas cuya lealtad a la causa de los oprimidos había sido probada con creces. Esa herida se haría grande con el paso de los años y la otrora enardecida izquierda y sus banderas se iría quedando debilitada en el mar de la frustración de los miles que en otros tiempos la respetaron y la vieron con admiración y esperanza.
  2. La fuerza de la utopía. Las mujeres y los hombres que fueron a la guerra civil bajo la bandera del FMLN no pretendían ser ricos ni millonarios ni tener vidas ostentosas, no al menos su generalidad; su imaginario era lograr que esta sociedad fuera justa y libre, cosa que solo podía lograrse con la derrota de la dictadura militar. Esta construcción se fue desmoronando con el paso de los años, volviéndose una hojarasca sobre la que se escupió y pisoteó sin pudor.
  3. El amor por la patria y los oprimidos. ¿Cómo se podía luchar en tiempos de altísimos peligros y cómo se lucha en tiempos de democracia burguesa? No es una pregunta retórica. El amor es lo más valioso que pueda despertar la acción de cualquier ser humano, hombre o mujer, por cambiar el mundo que se habita, en cualquier campo de la vida. Y no hablo del amor lírico. Hubo días terribles en los que el hambre, la sed, el miedo, la soledad, las dudas, el desconsuelo, fueron difíciles de sobrellevar; pero siempre había un chorro de luz que podía en esas oscuridades, el amor. A todo lo que se hace hoy día desde la política le hace falta mucho amor.

 IV. El túnel hacia el futuro

  1. La fuerza decisiva de la ética y el humanismo. Nada se puede hacer sin ética. Ninguna organización política que se precie de izquierda puede lograr una influencia siquiera, sin un conjunto de valores destinados a dignificar la humanidad y toda especie viva del planeta.

Regresar a la ética más profunda de la izquierda no será fácil porque requerirá luchar contra nosotros mismos y nuestra encarnada ambición de poseer cosas en la inquietante batalla ideológica que nos arrastra a la locura de pretender ser como nuestros explotadores.

Pero también será decisivo que los valores enraizados en nuestra cultura de lucha sean revisados a conciencia, estudiados, asumidos con dignidad para abrir las veredas que nos devuelvan la comunicación con los oprimidos.

  1. La inexcusable construcción de un modelo educativo hacia el interior. Nada puede lograrse sin una sólida, profunda y sistemática educación hacia el interior del partido. No es necesario llamarla política, porque toda educación es ideológica y por consiguiente advierte desde sus entrañas propósitos políticos. Sin educación es imposible que un partido tenga cuadros que sean capaces de incidir en sus colectivos y en el país mismo.

Es imperativo construir un modelo educativo hacia el interior del partido en el que los contenidos curriculares abran las miradas a los diversos campos de la acción política, como la medicina, el medio ambiente, la economía rural, la filosofía, la historia, la literatura, las tecnologías, las artes visuales, las comunicaciones, la psicología global y la transnacionalización de datos por internet, etc.

3. La organización popular y el debate. Se debe fomentar una organización de base en la que el diálogo franco sea la fuente fundamental para la comprensión de la realidad popular, la solidaridad y la construcción de miradas colectivas. Las falsas verdades alimentadas y fomentadas por la estandarización del universo mediático de las derechas conservadoras y de las élites económicas que dominan el mundo, solo se pueden enfrentar con un debate basado en la equidad de información para hombres y mujeres, basado en la realidad y el territorio de carne y hueso, donde puedan un día resurgir los grandes imaginarios y las diversas identidades que deben acompañar a todo poder popular.  

4.  La institucionalidad de las decisiones colectivas. Los distintos niveles de dirección y liderazgo partidario solo se deben legitimar sobre la base de decisiones colectivas. El autoritarismo, los falsos liderazgos y los grupos de poder, seguirán calando hondo en la vida de las organizaciones de izquierda, seguirán produciendo mucho daño si no desaparecen del estilo de trabajo partidario o al menos si dejan de ser el factor culturalmente dominante.

5. La calidad moral de los dirigentes. Quienes acepten el papel de dirigentes no solo deben vivir en dignidad y sin ostentaciones que ofendan la vida de los más humildes; además, deben ser solidarios, hermanados en la vida y no soberbios ni prepotentes, ser educados, enfocados en la realidad desde el humanismo. Al volverse el rostro más visible de la organización, cada conducta suya será el catalizador para enjuiciar a toda la organización, a toda la izquierda. No será un asunto fácil de resolver, porque a la base de cada hombre y mujer hay una historia, una actitud, debilidades y fortalezas, miserias humanas; por ello es que el peso supremo de la organización deberá estar fundado en la institucionalidad de las decisiones colectivas.

  1. La sistematización de los errores estratégicos y tácticos de la última década. Se debe pasar por la identificación y reconocimiento honesto de los errores estratégicos y tácticos, los errores colectivos e individuales, los errores de conocimiento y los de forma, los errores éticos más sobresalientes en todos los niveles de la dirección nacional y territorial, y de la militancia misma. Se debe abordar los grandes fallos intencionados con dureza. Es muy importante sistematizarlos, darles un sentido educativo entre la militancia para obtener de estos sus más significativos aprendizajes para la pronta intervención destinada a superarlos.
  1. El retorno hacia los clásicos. La crisis global y la voracidad capitalista que destruye la vida del planeta precisa regresar a clásicos como Marx y Engels, sus lecturas más importantes deben ser parte de la formación cotidiana de militantes de izquierdas. Pero también es fundamental el estudio concienzudo del pensamiento de aquellos líderes que dejaron una huella imborrable, como es el caso de Schafik Hándal, Hugo Chávez Frías, Fidel Castro, José Martí, Simón Bolívar, Augusto César Sandino.

 

  1. La búsqueda tenaz por el reencuentro con el encanto de la izquierda. Hablamos de lucha de culturas. El neoliberalismo es hegemónico, domina las formas de sentir y pensar de millones de seres humanos por la masiva tecnológica. Es imperativo comprender que para lograr una contrahegemonía se debe asumir la cultura de la hermandad, solidaridad, educación, visión colectiva, respeto a todas las formas de vida, tolerancia a cualquier forma de la diversidad, conocimiento, historia.

La lucha por el reencuentro con el encanto que la izquierda tuvo una vez en el imaginario de la conciencia popular es un asunto moral, ético, filosófico, políticamente esencial, en la búsqueda del encuentro con el futuro. No se trata de volver a la historia como en una pose de uniformes y consignas vacías, para enarbolar las banderas de la superficialidad; se trata de traer del pasado las más importantes enseñanzas y dotarlas de presente y futuro; se trata de volver la mirada para comprender que la lucha de los años

1970 y 1980 fue decisiva para romper con la dictadura militar y abrir el camino a la democracia burguesa, pero que ese tiempo ya pasó y que lo obtenido en ese tiempo no es suficiente para este tiempo y menos para el futuro, que sobre esa base y de los múltiples errores y aciertos, hay que caminar. Es imperativo reconocer sin titubeos que el FMLN es una izquierda golpeada, una izquierda que debe mostrar respeto y dignidad por los hechos y no dejarse tentar por sentimientos insustanciales como la soberbia o la superficialidad para analizar la realidad que enfrenta.

  1. Literatura, historia y conocimiento. Las ideas nacen y se fortalecen desde la experiencia y la lectura como disciplina de vida. Las juventudes y sus dirigencias deben mostrar un profundo sentido de observación y respeto por la literatura y la historia, fuentes fundamentales de crecimiento humano e intelectual. Los ciclos históricos por los que ha debido transcurrir la izquierda salvadoreña desde hace noventa años, merecen una observación detallada, concienzuda, disciplinada, para extraer la grandes enseñanzas que toda historia proporciona a las generaciones más jóvenes, y eso solo puede suceder a través de la cultura del estudio sistemático.

La memoria colectiva debe ser una prioridad en el fortalecimiento de nuestros valores políticos. La historia y la literatura por medio de la cual se narran y se interpretan los más importantes acontecimientos de nuestro pasado reciente, deben ser una prioridad, deben ser rutas para el diálogo entre las distintas generaciones, deben ser fuente para cultivar la sensibilidad y la conciencia estética que es tan decisiva para la fortaleza ideológica y la identidad de clase.

  1. La evolución y las tendencias de las comunicaciones y la ideología del odio. La deformación radical de la realidad de la que es víctima la humanidad como resultado de la implementación de modalidades tecnológicas que generan ambientes de lucha ideológica adversas al aprendizaje de la izquierda, seguirá siendo un enemigo feroz.

El odio y la superficialidad intelectual harán caer gobiernos y pondrán otros al servicio de quienes sean los dueños de la manipulación de la mente de los más débiles. Ese es precisamente uno de los terrenos más complejos y difíciles con los que se ha de luchar desde hoy y durante décadas. Nunca en la historia de la humanidad hubo tanto poder de las élites de derechas y conservadoras para distraer a las personas y sacarlas de la concentración de sus problemas más importantes, esa batalla solo se puede librar estudiando y comprendiendo ese gran territorio del mundo virtual.

 V. Tesis.

La crisis actual que se vive en el interior de la izquierda salvadoreña es inherente a la crisis de valores de la sociedad capitalista en la que vivimos. Es poco probable que su solución sea visualizada a corto o mediano plazo; lo que se vive es un complejo momento en el que se requerirá de mucha valentía, mucho amor, mucha visión, excesiva paciencia y por supuesto audacia y sabiduría, porque el camino será muy largo, no es exagerado advertirlo, muy largo.

La estrategia para comprender la superficialidad electoral frente a la esencia de la lucha política, en la que está incluida la primera por supuesto, requerirá de una militancia y una organización distinta a la que ya se ha experimentado en los últimos veintiocho años, se requiere por sobre todo visión política y filosófica para comprender los tiempos, los ciclos y las estrategias transnacionales que dominan los escenarios adversos a las fuerzas progresistas.

La aspiración de formar parte del gobierno municipal o del parlamento deben ser desechados como una aspiración individual y pasar de una vez por todas a tener un sentido colectivo subordinado a la visión política global de la organización frente al país y a la contribución para sembrar las bases destinadas al nacimiento de la nación salvadoreña.

En este tiempo la izquierda precisa de líderes y lideresas sensibles, audaces, inteligentes para descifrar el mundo que habitamos, valientes, en compromiso con las causas de los oprimidos. El Salvador necesita contar un una fuerza de izquierda formidable con la que se pueda enfrentar los tiempos oscuros que se avecinan.

Una revolución o cualquier cambio profundo en las estructuras del Estado y la sociedad que conlleven a una transformación en nuestra forma de vida solo será posible por medio la cultura y las ideas, con la mira de construir las bases identitarias de una nueva cultura que sea capaz de enfrentar la hegemonía de la cultura de derechas.

En esa encrucijada la juventud debe ser la auténtica protagonista, nosotros, los viejos, somos el eco inmarcesible de la historia, debemos estar aquí para recordarles dónde fallamos y dónde acertamos, pero también dónde fuimos capaces de amar a fondo, sin perder de vista jamás que todas las generaciones de luchadores comprometidos pueden y deben saber actuar a partir de sus propias características, a partir de sus propios códigos aprendidos en sus particulares experiencias, pero sin el vil canibalismo ni la competitividad destructiva propia del capitalismo.

Militantes de base, este es su tiempo, tómenlo en sus manos, hagan historia.

Equivóquense y acierten. Nadie se los debe impedir, pero no pierdan de vista que si no se logra comprender esta fase de la historia, las leyes de la evolución se encargarán de ceder el paso a quienes estén mejor preparados para enfrentar este mundo y el que ya se ha comenzado a gestar en sus entrañas.

San Salvador, 25 de enero de 2020.

* Escritor

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